reflexiones de un

CURA DE PUEBLO

Obedecer es amar

“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”. “No os dejare huérfanos, os daré el Espíritu Santo Paráclito”

La semana pasada, el Señor nos invitaba a disfrutar de la salvación ahora, en este tiempo terreno, y nos recordaba, que, de nosotros, lo que entrará en el cielo, es aquello que hay en ti, y es don de Dios y fruto del Espíritu Santo. El resto, (lo de tu cosecha) se quedará en nuestra sepultura. En conclusión: todo es gracia. Que yo tenga fe, es una gracia de Dios; que yo pueda hacer buenas obras, es gracia del Espíritu Santo que opera en mí. Por tanto, la salvación, no es por mis obras, sino por mí fe. Claro que si esta fe, no tiene obras (del Espíritu Santo), esta fe, está muerta. ¿En qué se nota que la fe está viva? En que cumples los mandamientos, es decir: obedeces. Esta obediencia protege el alma y ciertamente, es más fácil obedecer, cuando te sientes amado.

Desde el origen del mundo existe una tensión entre obedecer y desobedecer. Lucifer, decide no obedecer a Dios y se convierte en ángel caído. Todo lo contrario, el ejemplo de Jesús en Getsemaní: “aparta de mi este sufrimiento, pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres”. La relación perfecta entre Jesús y el Padre es la obediencia. Jesús, aprendió a escuchar la voz del Padre y por eso puede ahora obedecerla. 

En esta ocasión, el Padre le dijo NO al Hijo amado.

Cuando uno obedece acepta el poder de la muerte de Jesús en la cruz, es decir, el poder de borrar mis equivocaciones y mis pecados. Y este poder te cambia la vida. La obediencia no es algo que hay que sentir, es algo que se decide en libertad, con la cabeza y el corazón. ¿Cómo hacer a Jesús el kirios de tu corazón? Entregándole tu voluntad.

Me llamaba la atención en las noticias de esta pasada semana, como los mayores no tienen problema para obedecer la ley de estado de alarma, en contraste con la cantidad de multas impuestas a jóvenes que desobedecen. Son los “millennials” (1980 -2000). Entre estos hay unos jóvenes que han crecido en un ambiente cristiano y son maravillosos. Contrastan mucho, con otros que, crecieron en un ambiente muy pagano, que, tienen problemas con la obediencia, obedecen de forma selectiva, o negociando. Y eso es porque los padres, nunca ejercieron autoridad en casa, ni aceptaron la corrección de los profesores, etc. Nunca se les dijo: NO. Nadie les enseñó que las decisiones tienen consecuencias. Se les hizo creer que eran el centro del mundo, porque sí, sin más mérito que el amor de los padres. No se les corrigió para evitar conflictos, o por miedo a perder su afecto, etc., y hoy tienen el corazón de huérfanos.

¿Ahora, quién es el bonito que les dice a estos chicos que Jesús es el centro y no ellos? ¿Cómo lo van a aceptar como Señor? Nunca han tenido un Señor. El padre que ama y ayuda a crecer como persona a los hijos, se preocupa de que obedezcan, para que sean más seguros, para evitar peligros, para enseñarles bien, para que sean más felices. Hay que prepararlos para cuando crezcan y llegue el momento de que por ellos mismos puedan tomar buenas decisiones. Estos, sí podrán reconocer a Jesús como Señor. Jesús creció bajo la autoridad de José y María, y por eso pudo aceptar en Getsemaní, cuando su Padre Dios le dijo NO.

La verdadera obediencia, no produce marionetas, sino profetas para poner luz en estos tiempos de apetencias desbocadas y egoístas.

Recuerdo una anécdota que me tocó vivir. Una religiosa, que yo conocía, fue elegida General de su orden y se fue unos años a Roma. Al finalizar su periodo de mandato, la monja, acepto feliz su nuevo destino. Fue enviada al convento un pueblo con el cometido de encargarse de tareas de limpieza y del fregadero del comedor de los niños del internado. Recuerdo como algunas personas –ajenas a la iglesia- me comentaron que esa era una decisión muy humillante para la persona que había tenido un cargo tan alto. Que ellos jamás lo hubiesen aceptado. No entienden que esa vida libremente, ha sido entregada para servir, sea donde sea y como sea. Esta mujer se sintió feliz de servir ejerciendo la máxima autoridad y también lavando platos en el fregadero del colegio. En los dos lugares se encontró con la voluntad de Dios. 

La sociedad entiende la obediencia como un sometimiento injusto, como una degradación. Y en el Reino de Dios, esto no va así. El criterio para calificar, pasa por la Cruz, donde Dios te dice que “no”, donde la vida duele, mis criterios no cuentan, donde toca dar y no recibir.  Si tú amas a Dios, amas toda la voluntad de Dios, no solamente la parte que te conviene y te gusta. Pues de lo contrario puedes tener un cristianismo sin cruz, sin Jesucristo. Eso es lo que pasa a muchas asociaciones cristianas, defienden sólo unos determinados valores: solidaridad, libertad, pero cuando hay que hablar de castidad, de abrirse a la vida con más hijos… entonces, no gusta, les resulta muy radical. Aplauden cuando la Iglesia alimenta a los descartados de nuestra sociedad, pero les ofende que los evangelice.

Para ser feliz, hay que ajustarse a la voluntad de Dios. ¿Qué significa hacer un ajuste? Pues quitar algo que sobra, que estorba para conseguir un propósito mayor y mejor. ¿Qué cosas hay que limar en tu carácter? ¿De qué cosas tienes que desprenderte? ¿En tu vida que parte hay construida por ti mismo y que parte ha construido Dios?

Obedecer es hacer más de lo que te dicen. Implica escuchar con el corazón. Según sea la intensidad de la escucha, así será la obediencia. Repito esta idea que es el centro de la reflexión: obedecer es escuchar queriendo acogerlo. Podemos decir que la irresponsabilidad viene de no escuchar. Obedecer a Dios, significa también que vas a encontrar dificultades y oposición. El mundo no quiere que obedezcas. Por eso, hay que tener muy claro antes de que venga la persecución, que, si obedeces a Dios, vas a tener que enfrentar muchos enemigos. Tomar los mandamientos como mapa de tu vida, no va a ser el camino más fácil. Pero sin lugar a dudas, será el camino más seguro para alcanzar el cielo.

Vayamos paso a paso, y si caes te levantas apoyándote en la misericordia de Dios. Tenemos dos piernas para dar un paso. El primer pie es la obediencia (dirección) y el segundo pie es la fe (firmeza). Obedecer a Dios trae bendiciones. Muchas personas no alcanzan sus metas en la vida, por falta de obediencia. Hay que decidir: obedecer a Dios o agradar al mundo.

En el capítulo 21 del Evangelio de Mateo, aparece la parábola del padre con los dos hijos que los manda a trabajar en la viña. El primero le responde “no quiero” pero se arrepiente y va. El segundo le dice “voy señor” pero no va.  Los dos son igual de amados por su padre. Los dos igual de alimentados y de bendecidos. Los dos viven de esa viña. Pero sólo el que obedeció, será aprobado por su padre y, por tanto, de alguna forma, recompensado.

¿Tú con cuál de los dos hijos te identificas? Todos nos sentimos amados por Dios y disfrutamos de los mismos bienes en este mundo. Pero sólo unos pocos, se sienten dichosos por ajustar su vida a la voluntad de Dios. ¿Eres tú uno de ellos? ¿Puedes dar gracias a Dios, hoy por toda tu vida? Sí es así, tú tienes al Espíritu Santo en tu vida.

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