reflexiones de un

CURA DE PUEBLO

El Sepulcro Vacío

Vuelvo a compartir con la comunidad, con los parroquianos y todos aquellos que quieran leerlo, porque al no tener reunión, podemos mantener así, la comunión, la comunicación. Es una reflexión sobre el santo triduo, pero teniendo delante de mí, el Evangelio de la noche pascual.

Ahora mismo en España se está pidiendo una auditoría sobre el número de muertos del Covid 19. Parece que el número total, podría más que duplicarse. A muchos difuntos, no se les hizo un test sobre la causa de la muerte y por eso no cuentan en las estadísticas. En todo caso, es terrible, no da tiempo para cremar y despedir a todos.
Me han pasado con video con imágenes dantescas con decenas y decenas de cadáveres metidos en bolsas de plástico negro, por los suelos de un tanatorio.

Frente a esta estampa –que quiere tragarse el alma- necesito respirar y poner mi corazón en Cristo, concretamente en el sepulcro vacío de Cristo, porque es Pascua. Porque hay algo verdaderamente valioso al otro lado del miedo. Estamos en un mundo que quiere esconder el sufrimiento, la cruz y la muerte. Todos los días vemos por televisión: merecidos aplausos, ocurrencias simpáticas, ruedas de prensa, personas saliendo de las UCIS, etc. Pero son más remisos en mostrar la realidad de la muerte, la imagen de los cadáveres que está dejando esta pandemia. Pareciese que este escándalo de la muerte, debe vivirse en privado. Algunos dicen lo mismo de la fe, -es algo que debe vivirse dentro de la iglesia-, sin contaminar a los demás. Y nuestra fe, hermanos es para ser celebrada y anunciada, es para vivirla y compartirla y no puede ser de otra forma.

Es precisamente esta fe, la que me permite tener consuelo ante los cadáveres que estoy viendo. Y lo que me permite consolar –vía telefónica- a los familiares, que dejaron un miembro de la familia en la puerta del hospital y pasados unos días recibieron una urna con sus restos. Falta cerrar el círculo y despedirlos desde la fe, con la celebración del funeral y el responso del cementerio. Así resulta más fácil encauzar el dolor.

Siempre ha sido la muerte un acto de profunda soledad e intimidad, -porque el que se muere es uno- por muy rodeado que esté. Es casi un acto sacerdotal, para devolver la vida vivida a su autor. Hoy decían por televisión que, a causa de esta enfermedad, mucha gente, está volviendo al consuelo de la oración y de lo espiritual, quizá fortalecido por este tiempo de Semana Santa, que no ha salido a la calle, pero que ha levantado un templo en cada hogar y en el corazón de cada cofrade y de cada bautizado. Porque nos estamos cuestionando más que nunca, un gran misterio, el origen y el destino de nuestras vidas.

Frente a todas estas sepulturas saturadas, nos encontramos en el Evangelio a las dos Marias, frente al sepulcro vacío. A mí me huele a incienso, me huele a gloria. A ellas les lleno de santo temor. De tal modo que tiene que decirles un ángel: “no tengáis miedo”

Y continúa diciendo: “Ya sé que buscáis a Jesús el crucificado, no está aquí”

Eso es lo que nos está diciendo este paganismo rampante a los cristianos de Europa: Jesús no está aquí, no lo busquéis, no nos lo traigáis. Y hay personas de cualquier edad, que ya han rendido su alma, y han dejado de luchar por la fe que recibieron. Se han quedado sin fuerzas y al alejarse de la Iglesia, también se han quedado sin comunidad, en esa soledad que puso la serpiente, en el corazón de Eva. 

Pero no terminan aquí las palabras del ángel. Con voz alta les anuncia la Buena Nueva con dos palabras: “Ha resucitado”.  En este momento en el corazón de las Marias desaparece el miedo y entra la prisa: “decídselo a los que escuchan; decídselo a los discípulos”. 

Y por si quedaban dudas de fe, ante el anuncio del ángel, el mismo Señor vuelve a hacerse el encontradizo por el camino y les repite el anuncio: “Alegraos. Id y decidles que vayan a Galilea, allí me verán”

Este mismo anuncio nos hace la Iglesia ahora a nosotros. ¡Fuera miedos! ¡fuera sentimientos de soledad! ¡vaciad de miedos el corazón para ver al Señor!

¿Qué significa Galilea? ¿Es algo geográfico? -No 

Galilea, es donde escucharon por vez primera la B.N. Es volver al origen del primer amor. Es como volver al primer beso con la persona amada. Junto al lago de Galilea fueron llamados. Ahora es la misma voz la que los sigue llamando a no abandonar. Hoy es más necesario que nunca anunciar la BN a todos los que nos rodean. Galilea es cansancio y reposo; pecado y perdón; hambre y multiplicación de pan; enfermedad y sanación. Galilea es la experiencia que tenemos de Jesucristo en el corazón. Galilea es estar dispuestos a seguir en camino.

Por último, queda como eco en el oído la palabra “alegraos”. Alégrate porque la vida no se acaba, se transforma. No hay muerte,  Morir es un instante, es cruzar la puerta de la vida terrena a la vida espiritual, que en la tierra hemos comenzado. Es presentarse en la habitación que Jesús te ha preparado. No te vas a quedar en la fosa oscura, si lo has tenido como Señor.

¿Qué cómo se esto? Porque en mi vida, siendo un pecador, a mis sesenta años, no he visto nada más firme que las palabras de Jesús.  Porque lo que Él hizo con su vida y con su muerte, es garantía de lo que hará contigo.
Porque el sepulcro de Jerusalén está vacío, tal cual, Él lo dejó. 

Pero el cielo está lleno de muchas personas que lo han amado. El cielo tiene un sitio para nosotros, aunque no sepamos cuando lo vamos a ocupar. 

Mientras tanto permanece vacío, como su sepulcro entre nosotros.